Pisó la sala y saltó la ovación. “El señor que está aquí sentado y que me da la sensación que lo conocen, ha acompañado y participado, desde siempre, a estas desventuras y estas aventuras”. De esta manera el periodista de lavaca Sergio Ciancaglini presentó (sin presentar) a Eugenio Raúl Zaffaroni, Doctor en Ciencias Jurídicas de la Universidad del Litoral y miembro de la Corte Suprema de Justicia desde 2003 entre otros cargos y honores.
El Doctor al que sus amigos le dicen Raúl, pero usa el nombre Eugenio, llegó con un look casual, camisa desprendida y debajo remera negra con inscripciones blancas. “Estamos en un momento de poder planetario llamado globalización, como hubo otros denominados colonialismo o neocolonialismo, por suerte el poder planetario tuvo contradicciones y gracias a ellas estamos vivos. Pero también es un momento de revolución tecnológica en que el poder más que nunca, depende del saber, es decir del know-how ”, así arrancó el Doctor Zaffaroni su clase magistral en el Salón Bolivar del Hotel Bauen, recuperado por sus trabajadores. Según Zaffaroni hoy el mundo tiende a dividirse ya no entre explotadores y explotados sino entre incluidos y excluidos en donde no hay dialéctica porque el excluido está de más. Por lo tanto, para Zaffaroni el reestablecimiento de la dialéctica estaría dada por esa lucha por el saber. “Hoy tenemos las posibilidades que no teníamos hace 30 o 40 años porque la información está a nuestro alcance. Y los excluidos tienen algo que los incluidos no tienen que es tiempo. Y si ese tiempo se organiza, para apoderarse del saber, la sociedad se transforma”. Decreta con estilo premonitorio el Doctor al que algunos llaman Raúl y otros Eugenio.
Zaffaroni hace un recorrido sobre la historia de los derechos humanos que tiene que ver con el título de la charla: lo legal y lo legítimo. En realidad lo que viene a contar Zaffaroni es lo que todos sabemos, o por lo menos intuimos, que lo legal tiene que ver con lo escrito. El comienzo de su charla se asemeja al inicio de un cuento: “Un día del año de 1948 se hace la Declaración Universal de Derechos Humanos que la aprueba todo el mundo. Como ustedes saben que una Declaración en el derecho internacional tiene el valor de una buena voluntad. Tardaron luego treinta años en hacer los tratados que eso sí ya es ley. Los realizaron cuando estaban dadas las condiciones políticas. Pero también se puede decir que en el 48′ se hizo una Convención Internacional de lucha contra el Genocidio. Sí,sólo que recortaron tanto el concepto de genocidio que quedó bastante mezquino. Porque había que definirlo en forma tal que no entraran todas las masacres que habían cometido los europeos en África ni la que había cometido Stalin ni la de Hiroshima y Nagasaki. Plantearon un concepto de genocidio que hasta el día de hoy nos preguntamos qué es un genocidio cuando hay mas de un millón de muertos, de repente”.
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Según el prestigioso doctor Zaffaroni afirma: “Todo esto forma parte de la historia formal, o historia legal, pero hay una historia real de los derechos humanos”. Ahí vamos entonces.
“¿Hay otra historia?” pregunta Zaffaroni y se responde: “Sí, hay otra historia”. Señoras y señores esta historia que viene a hablar Zaffaroni es inversamente proporcional a la que estudian la legalidad de los Derechos Humanos que dicen que los derechos se clasifican de la siguiente manera:
- Los derechos de primera generación que son los individuales;
- los de segunda generación que son los sociales;
- los de tercera generación que tienen que ver con el desarrollo sustentable.
Zaffaroni dirá que la historia real es inversa. Desarma, entonces, el esquema que organizaron los que supuestamente estudian la legalidad de los Derechos Humanos y lo vuelve a armar. Dirá Zaffaroni que para nosotros y desde el margen, el derecho de primera generación es el derecho al desarrollo y crecimiento gradual y racional. Los de segunda generación son los de derechos sociales como los consagrados por la Constitución mexicana de 1917 (primera en el mundo). Y los de tercera generación serían los individuales. Este Doctor que sobre en America Latina sabe mucho y fue autor de proyectos de reformas a los códigos penales argentino, ecuatoriano, boliviano y costarricense, señala: “El derecho al desarrollo es por lo que pelearon nuestros libertadores en contra del colonialismo. Después decimos que copiamos Constituciones liberales, como la de Estados Unidos porque era el único modelo republicano hasta ese momento, que cada uno, fue adaptando o arruinando con declaraciones de derecho pero que no se cumplieron nunca. Tuvimos en nuestra región latinoamericana Constituciones liberales de respecto autonomía, a la libertad de las personas con realidades semi-feudales, no digo feudales porque es un fenómeno europeo”.
Zaffaroni continua su disertación frente a un público atento, inmutable y admirador de este hombre que fue designado Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, entre ellas de Perú, Italia, Brasil, Uruguay, Bolivia, entre otras, y que afirma que teníamos un deber ser (dado por las Constituciones liberales) inmerso en Repúblicas oligárquicas. ¿Cómo explicaron esta contradicción nuestras olirgaquías?, Zaffaroni entonces responde de manera clara y precisa: “Racistamente. Se creían los iluminados que debían ejercer el poder político sobre lo que ellos consideraban ‘la indiada o negrada’ y no podían permitir la autogobernación porque iba a ser el caos”.
Sin embargo e incluso con aquellas realidades, porque como explica Zaffaroni todo grupo que el avance civilizatorio quiso marginar vino a parar a nuestros suelos, America Latina dio lugar a movimientos de ampliación de la base de ciudadanía real muy diferentes: como el cardenismo en México o el peronismo o yrigoyenismo en Argentina, entre otros. Entonces Zaffaroni interroga: “¿Por qué estamos acá?; ¿Por qué algunos sabemos leer o escribir y pudimos llegar a la Universidad? Y dispara: “Por los populismos, con todos sus defectos y todas sus críticas que se le puedan formular, pero que empalidicen cuando vemos las masacres y las brutalidades cometidas por los contrapopulismos que quisieron frenar la realización de los derechos humanos economicos, sociales y culturales”.
Señala entonces que estos adalides de los contrapopulismos se hacen llamar liberales. “Yo pregunto si es liberal bombardear la Plaza de Mayo. Yo pregunto si es liberal fusilar sin juicio previo. Yo pregunto si es liberal derogar una Constitución por bando militar. Yo pregunto si es liberal desaparecer 30.000 personas”. Se interroga Zaffaroni que es profesor titular y director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Buenos Aires, que en el año 2007 la Universidad de Buenos Aires, distinguió al Doctor como Profesor Emérito y que en el año 2009 el jurado mundial independiente lo galardonó con el Premio Estocolmo en Criminología.
Rendondeando la charla este Doctor que sabe mejor que nadie sobre lo legal y lo legítimo pero sobre todo conoce sus diferencia dilucida que en los últimos años aparece un fenómeno mundial muy particular, que ocupa el centro de toda compaña política y se trata del control del delito. Zaffaroni irá al grano: “Toda proclama golpista viene acompañada de un anuncio sobre el descontrol de la situación criminal. Si bien esto no es nuevo, nunca había sido publicidad de campaña”.
Inserta el tema: “¿Qué hay detrás de este fenómeno?” Y lo explica: “Hay una construcción de un “ellos” de enemigos. Hay un grupo social marginado y excluido que no se lo puede sacar de ese lugar. ¿Cómo se genera? A través de una técnica de comunicación social en donde el ciudadano medio no es ya el trabajador sino una víctima. Los medios buscan una víctima capaz de crear cierta empatía, se lo convierte en víctima héroe, se le brinda un enorme escenario mediático y en plena elaboración del duelo de una pérdida se le hace decir todo lo que el enuniciador mediático no puede decir. Ojo, a la víctima héroe la destruyen, les importa un comino. Por supuesto el tema de ‘gatillo fácil’ no aparece”.
Zaffaroni cuenta que esta técnica se creó en Estados Unidos pero de manera viral se universalizó a través de la comunicación de entretenimiento. “Si ustedes hacen zapping en la televisión van a ver una serie de homicidios en un rato que en el país no se cometen en un año con protagonistas psicópatas que resultan ser los héroes. Hay que tener cuidado porque internalizamos estas historias desde muy temprano y porque usamos la televisión como baby sister. Entonces el modelo punitivo se extiende a toda la conflictividad social”.
Para Zaffaroni tenemos una televisión que controla al poder político. Y el poder político responde con “leyes locas y descalabradas”. El resultado de este control lo explica al finalizar la charla: “Dentro de la prisión tenemos un diez por ciento de ‘psicopatones’ medios peligrosos y el otro 90 por ciento son ladrones burdos, vendedores minoristas de tóxicos prohibidos y mulas. Si me preguntan qué poder político implica criminalizar y prisionizar a un grupo de personas sin poder de los sectores más carenciados, mi respuesta es que no hay poder político. Es poder represivo que se ejerce sobre los que estamos sueltos con el pretexto de los que están presos. Y cada día estamos más controlados”.



